Imaginemos lo siguiente: un grupo de atletas de alto rendimiento que tienen los ojos vendados, en medio de una gran pista de carreras. Tras una breve reunión, quien los capitanea les motiva a dar su mejor esfuerzo, a correr a la mayor velocidad posible, pero sin darles ningún indicio de hacia dónde ir. ¿Alguno de ellos llegará a la meta?
Podría hacerse una analogía entre esta historia y lo que pasa en muchas organizaciones, donde no se comunica a los colaboradores qué objetivos perseguir, cuáles son las metas de la empresa o a qué estrategia ceñirse.
Hay casos en que los empleados desean contar con esa brújula, pero simplemente no hay información disponible que les permita saber hacia dónde orientar sus esfuerzos.
Pudiera pensarse que esto ocurre sólo en empresas con escasa actividad comunicativa, pero no es así: la experiencia nos ha mostrado que también sucede en grandes corporativos con sistemas de comunicación en funcionamiento y con medios internos de buena calidad en la forma, pero con vacíos en el fondo, es decir, en los mensajes que transmiten.
La posibilidad de dar a conocer al equipo de trabajo los objetivos corporativos, así como las metas fijadas o presupuestadas, es una de las muchas funciones que hacen de la comunicación interna un elemento estratégico dentro de las empresas.
Es necesario informar a los colaboradores de manera consistente, a través de medios y procesos de comunicación, qué es lo que persigue la empresa y qué se espera de ellos. Y no sólo eso, también se debe difundir el estatus del negocio y especificar qué objetivos o metas se han alcanzado, qué falta por cumplir con respecto a lo planeado y qué debe hacerse para impulsar a la organización.
Hay empresas en cuyos medios de comunicación abundan los mensajes motivacionales, a fin de instar a los colaboradores a dar su máximo esfuerzo. Pero si no se les aclara lo que se busca es como pedirles que corran con los ojos vendados.
Esto tendría como consecuencia que, a pesar de tener todas las condiciones para ganar, jamás lleguen a la meta –por desconocer cuál es– y haya muchos, pero muchos tropiezos en el camino.
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